
Por: Abelardo Medellín Pérez
La clave con la que se lee la política del ejecutivo en San Luis Potosí, hoy en día, es la megalomanía. Muchos podrían argüir que esto siempre ha sido así; que el ejercicio de gobernar siempre fue y será una actividad donde el tamaño, de todo, importa. Aunque, si esto fuera verdad, entonces la megalomanía del actual gobierno demostraría una extensión de las “herencias malditas” y no su fin.
Ahora, ¿por qué decir que el gobierno actual ha optado por la megalomanía?, pues basta con voltear para arriba.
Voltear arriba en diciembre del 2021, cuando había un árbol de 70 metros en la plaza de Fundadores en la capital potosina. Voltear para arriba en la entrada principal del Parque Tangamanga donde se están construyendo estructuras de ornato. Voltear para arriba (próximamente) en la Joya Honda en Soledad de Graciano Sánchez, donde se colocará una estatua de Cristo de 40 metros de alto para la promoción turística de la zona. O quizá voltear para arriba (dentro de unos meses) en las calles circundantes de la Alameda central, donde la actual administración ha proyectado construir una serie de puentes colgantes y atirantados que conecten, de forma ineficiente, el centro histórico con este Nuevo Parque.
Si estos fueran los cuatro únicos ejemplos de la megalomanía gallarda de nuestros tiempos, quizá podríamos ahorrarnos esta reflexión, pero no; la tendencia a la exageración también se ve impresa en los pequeños detalles.
Comprar vehículos rinocerontes para la Secretaría de Seguridad Pública, anunciarlos en magnos eventos y presumirlos en desfiles; construir oficinas para el ejecutivo en el centro de convenciones a pesar de ya tener oficinas para una plantilla que (según las intenciones del gobierno) iba a reducirse; e incluso las entradas magnánimas a los eventos con canciones de AC/DC y su ánimo de elevar al gobernador a un estatus de superhéroe de película.
Estas son las reglas de la política potosina en la actualidad. El espectáculo, por encima de la conveniencia; la imagen, por encima del resultado; lo grande, por encima de lo significativo; lo vistoso, que mejora a lo significativo.
Tenemos de frente entonces a un gobierno de la extralimitación, pero que le tocó gobernar un San Luis Potosí con más necesidades que sobras; el resultado lógico es un sexenio que podría, muy pronto, quedar marcado por los sectores que se vean obligados a sobrevivir a la sombra de sus mega proyectos.
Porque sí, llegaron las Fuerzas Especiales, pero no se comenzó la construcción de ningún hospital de especialidad. Se nombró un Fiscal General nuevo a la salida del anterior, pero la CEEAV todavía no tiene titular, solo encargado del despacho. Tenemos un Congreso con mayor representación de sectores antes ignorados, pero está relegado a ser ventanilla de atención para las iniciativas del ejecutivo.
Esa es la herencia maldita de la megalomanía. Proyecta una sombra grande, que oscurece a sectores que seguirán como “los olvidados” mientras que, con intenciones superfluas, en otros lados se erigen monumentos para quienes quieren ser “los alabados”.
