
Mientras el gobernador Ricardo Gallardo Cardona intenta calificar de “desesperados” los procesos internos que realizan el PAN y el PRI rumbo al 2027, la realidad es que el verdadero uso desesperado del poder lo encabeza él mismo al imponer a su esposa, Ruth González Silva, como la única carta del Partido Verde para la gubernatura. Lejos de cualquier piso parejo, el mandatario estatal aplica el clásico discurso de descalificación contra sus adversarios para ocultar su propia opacidad, solapando una precampaña disfrazada que lleva operando abiertamente desde hace cinco años, usando los recursos públicos y la estructura gubernamental como si fueran un negocio familiar.El colmo del cinismo quedó al descubierto hace apenas unas semanas con el masivo evento de los “20 años de gallardía”, un supuesto festejo oficial que no fue otra cosa más que un descarado mitin de propaganda política pagado con el erario para levantarle la imagen a su pareja con miras a la sucesión. Con este evidente uso de las instituciones para asegurar el trono transexenal de su familia, resulta verdaderamente irónico y cínico que el Ejecutivo hable de miedo en la oposición, cuando son ellos los únicos aterrados de perder los privilegios y el control absoluto del estado.
