
En un acto que raya en la incongruencia política y la desesperación absoluta, el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, pisó tierras potosinas para lanzar una declaración tan cuestionable como predecible: no descarta una coalición con el Partido Verde rumbo a la gubernatura de 2027. Lejos de responder a una visión ideológica o a un proyecto serio para el estado, este manotazo de ahogado tiene un único y mezquino propósito: intentar frenar a toda costa la llegada de Morena al Ejecutivo estatal. Es evidente que el tricolor, consumido por su propia irrelevencia y el desdichado liderazgo de su cúpula, busca una tabla de salvación desesperada para evitar la pérdida total de su registro y retener los pocos despojos de militancia que le quedan en San Luis Potosí.La postura de Moreno deja al descubierto la falta de principios de una dirigencia dispuesta a pactar con cualquiera con tal de sobrevivir, ignorando por completo que el Partido Verde en la entidad opera bajo dinámicas de imposición y nepotismo —como se vio con la senadora Ruth González— que tanto dicen criticar. Mientras el PRI local se hunde en su propia crisis y simula una oposición que hace mucho dejó de ser, su presidente nacional demuestra que los intereses de cúpula están por encima de la dignidad partidista, confirmando además que durante su visita no sostendrá ninguna reunión con el gobernador. Apostar por una alianza forzada solo evidencia que el tricolor carece de proyecto propio y se reduce a un satélite oportunista que busca un milagro político para no terminar de extinguirse en el mapa electoral potosino.
