
La Feria Nacional Potosina (Fenapo) cerró su edición con una postal tan patética como reveladora: a unas horas de su concierto de clausura, los escenarios lucieron semivacíos y desolados. Este triste final es solo el reflejo de una feria que se convirtió en el retrato fiel del fracaso gubernamental, donde el pueblo potosino, harto de tanta simulación y cifras alegres inventadas desde la comodidad de la oficina del gobernador Ricardo Gallardo, simplemente decidió no asistir. Ni los millonarios recursos gastados en una cartelera inflada ni la onerosa propaganda oficial lograron evitar que la gran mayoría de los shows, tanto en el Teatro del Pueblo como en el Palenque, terminaran con gradas vacías y un marcado desinterés ciudadano.La triste realidad es que la administración estatal que encabeza Ricardo Gallardo quiso venderle un “éxito rotundo” a los potosinos a base de pura demagogia y circo, ignorando que la gente ya no se traga sus cuentos. Mientras el mandatario estatal y sus ahijados presumían llenos históricos inexistentes, las familias potosinas optaron por darle la espalda a un evento que cada vez se aleja más de ser una verdadera fiesta popular y se reduce a un escaparate de vanidad política. Entre pasillos desangelados y un cierre solitario, queda demostrado que la imposición y la propaganda oficial no pueden tapar el hartazgo de una ciudadanía que dejó claro que a esta feria, sencillamente, ya no le cree nada al gobierno del estado.
