
Ante la gravedad de los hechos en los que un elemento activo de la Guardia Civil Estatal privó de la vida a su propio hermano, la postura manifestada por el secretario de seguridad, Jesús Juárez Hernández, refleja una preocupante falta de sensibilidad al intentar minimizar el caso bajo el argumento de que ocurrió fuera de servicio. Lejos de asumir una autocrítica responsable, el funcionario y las instancias correspondientes parecen optar por la pasividad, pues en lugar de exigir una revisión profunda de los filtros internos y del comportamiento de los elementos, impera un silencio institucional que deja al descubierto la falta de rigor, la ausencia de verdaderos controles en la corporación y la urgente necesidad de una rendición de cuentas que, hasta el momento, nadie está exigiendo con la firmeza que la gravedad del asunto amerita.
