
Al ser cuestionado sobre la reciente y polémica reunión de funcionarios estatales con la senadora Ruth González Silva, el presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, diputado Luis Fernando Gamez, optó por el silencio institucional y prefirió no emitir comentarios al respecto, desestimando la necesidad de aplicar sanciones o revisiones. Sin embargo, esta prudencia y mesura desaparecieron de inmediato cuando el legislador aprovechó los reflectores para lanzar fuertes críticas contra el alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos, cuestionando severamente sus ausencias temporales de la ciudad. Este marcado contraste deja al descubierto una evidente parcialidad en el ejercicio de su función legislativa, donde las polémicas y posibles faltas de los correligionarios del partido en el poder se minimizan o se archivan, mientras que los actos de actores políticos ajenos a su grupo se convierten en blanco de señalamientos inmediatos.Esta selectividad en la crítica pone en entredicho la autonomía y la imparcialidad que debería caracterizar al órgano legislativo, convirtiéndolo en un instrumento de doble moral al servicio de los intereses partidistas. Resulta cuestionable que desde la presidencia del Congreso se guarde un silencio cómplice ante los claros indicios de proselitismo anticipado y la participación de servidores públicos en eventos de carácter político, al tiempo que se utilizan los espacios oficiales para hostigar a adversarios políticos. Con esta actitud, el legislador confirma los temores de una simulación institucional donde la ley y las sanciones se aplican únicamente hacia fuera, dejando una puerta abierta y sin vigilancia para que las figuras del partido verde operen con total impunidad.
