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San Luis Potosí
15 agosto, 2026
Dados y Barajas

20 AÑOS DE SOLEDAD

Autor: Anahi Torres

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”
Así comienza una de las novelas más extraordinarias de la literatura universal.
Pero esta no es la historia de Macondo.
Aquí tampoco hay José Arcadio Buendía, ni coroneles. ni mariposas amarillas.
Aquí hay otra clase de realismo.
Uno menos fantástico. Y mucho más incómodo.
Porque esta historia ocurre en Soledad de Graciano Sánchez.
Y, aunque parezca ficción, basta recorrer sus calles para comprobar que todo ocurrió de verdad.
El gallardismo decidió celebrar veinte años de existencia.
Los aniversarios siempre son una oportunidad para mirar hacia atrás.
No para escuchar discursos.
Sino para revisar resultados.
Y ahí aparece el primer problema.
Los veinte años pertenecen al relato.
No a la cronología.
Porque el verdadero ascenso político del grupo comenzó en Soledad de Graciano Sánchez con la llegada de Ricardo Gallardo Juárez a la presidencia municipal en 2009, después del liderazgo político construido por su padre llego Ricardo Gallardo Cardona.
Es decir, no hablamos de veinte años gobernando.
Hablamos de diecisiete años construyendo un mismo proyecto de poder.
Veinte años alcanzan para escribir una historia de progreso, o una historia de simulación.
El gallardismo decidió celebrar dos décadas de existencia.
La cifra suena poderosa, redonda, emotiva, conveniente.
El problema es que el marketing político no siempre coincide con la memoria.
Y desde 2021 ese proyecto dejó de gobernar únicamente un municipio.
Comenzó a gobernar todo San Luis Potosí.
Por eso esta historia ya no pertenece solamente a Soledad.
Nos pertenece a todos.
Porque Soledad fue el primer capítulo.
San Luis Potosí corre el riesgo de convertirse en la secuela.
Las ciudades hablan.
Hablan en sus hospitales. Hablan en sus escuelas. Hablan en el transporte. Hablan en la pobreza. Hablan en la marginación. Hablan en las banquetas rotas. Hablan en los jóvenes que se fueron porque nunca encontraron oportunidades.
Y Soledad habla.
Habla mucho.
Lo que ocurre es que nadie quiere escucharla.
Porque después de casi dos décadas el municipio sigue esperando la transformación que durante años le prometieron.
No hay universidades públicas que hayan cambiado su destino.
No hay un sistema hospitalario que marque un antes y un después.
No existe una revolución en movilidad. Salvo una avenida que lleva un apellido conocido.
No desapareció la marginación.
No desapareció la pobreza.
No desapareció el rezago. Ni nada que presumir en 20 años.
Lo que sí cambió fue otra cosa.
El patrimonio del grupo político que nació ahí.
Mientras Soledad parecía avanzar lentamente, el grupo político que nació en sus calles experimentó una transformación económica extraordinaria.
Hoy hablamos de hoteles. De desarrollos inmobiliarios. De viñedos. De escuelas privadas. De empresas relacionadas con la aviación ejecutiva. Ranchos nuevos, Propiedades majestuosas. Lienzos Charros. Vehículos que nadie tiene, y una gran extension de territorio a su nombre.
No constituye un delito prosperar. Pero… Y Soledad… Y San Luis Potosí… ¿Qué pasa con su pobreza?
Sí constituye un asunto de interés público comprender cómo evoluciona el patrimonio de quienes han ejercido poder durante casi dos décadas.
Porque el patrimonio privado puede pertenecer a una familia.
Pero el poder nunca.
El gallardísimo es un movimiento económico familiar, con una red de prestanombres que empieza por ellos mismos: papás, hermanos, cónyuges, choferes y otros muy muy cercano, que no soportarían una investigación de la UIF.
Porque quizá el dato más revelador de estos diecisiete años no sea cuánto patrimonio acumuló el grupo político.
Sino cómo ha circulado el poder dentro de la propia familia.
Primero fue Ricardo Gallardo Juárez.
Después Ricardo Gallardo Cardona.
Y ahora todo indica que el siguiente relevo pretende llevar ese mismo poder hacia Ruth González Silva.
Padre.
Hijo.
Y ahora esposa.
No parece la evolución natural de un movimiento político.
Se parece demasiado a la lógica de una sucesión patrimonial.
Como si el poder pudiera heredarse igual que una escritura o un apellido.
Por eso Soledad no es Macondo.
Macondo estaba condenado a repetir su historia.
Soledad, en cambio, parece condenada a contemplar cómo la historia cambia para unos cuantos mientras permanece inmóvil para la mayoría
Soledad sigue esperando cambiar su historia.
La pregunta es si San Luis Potosí aprenderá de esa historia… o si dentro de veinte años alguien volverá a escribir otra columna con el mismo título, pero hablando ya no de un municipio, sino de todo un estado.
Porque el poder siempre encuentra la manera de perpetuarse.
Las sociedades, en cambio, sólo permanecen libres cuando aprenden a interrumpir esa inercia antes de que la costumbre sustituya a la democracia.
Ni pobres ni humildes. Al menos en los últimos 10 años

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