
La pretendida institucionalidad del informe de la presidenta Claudia Sheinbaum quedó fracturada en la Arena Potosí, donde el gobierno del estado convirtió un acto republicano en una vulgar pasarela de propaganda partidista al inundar cierta parte del recinto con banderas y globos de color verde. A pesar de tratarse de un ejercicio de rendición de cuentas que debería mantenerse ajeno a los colores de grupo, la administración de Ricardo Gallardo Cardona no desaprovechó la ocasión para imponer su sello corporativo, obligando a los asistentes a ondear el distintivo de su partido político con el único fin de proyectar una falsa hegemonía y robarse los reflectores institucionales para maquillar su propia agenda, violentando una vez más las formas democráticas con la complacencia de sus estructuras de control.
