
Por: Abelardo Medellín
El transfuguismo, conocido popularmente como “chapulinaje”, es una práctica de supervivencia que emprenden los políticos cuyos puestos, carreras o candidaturas corren peligro; ¿en qué consiste?, pues en saltar como chapulines. Uno está cómodamente en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), hasta que decide que una alcaldía se puede ganar estando en el bando del Partido Acción Nacional (PAN) y ante la inminente pérdida del puesto que habría ganado mudándose al PAN, uno vuelve a saltar ahora a las antípodas de MORENA para intentar reelegirse a una alcaldía perdida. Cualquier parecido con la realidad, es mero navismo moderno.
En la actualidad, el ejercicio del transfuguismo potosino tiene un destino predilecto para quien busca un nuevo partido: Movimiento Ciudadano (MC).
Durante los dos últimos meses hemos visto al partido naranja recibir a perfiles panistas como los de Ricardo Villarreal Loo y Vianey Montes Colunga; esto sin mencionar las intenciones del actual diputado expriista, Héctor Mauricio Ramírez Konishi quien ya tiene un pie dentro de MC.
La tendencia es clara: los panistas en San Luis Potosí, ante la crisis provocada por el control caudillista que el diputado Xavier Azuara Zúñiga ejerce contra la presidencia local, han optado por brincar del proyecto herido y buscar refugiarse en el partido que hoy dirige en el estado el exdiputado Eugenio Govea Arcos.
Las razones de estos brincos son diversas. Por un lado, MC ha tomado relevancia a nivel nacional al gobernar estados tan influyentes como Jalisco y Nuevo León, por otro, MC en procesos electorales anteriores al del 2021, sostuvo coaliciones con el PAN, por lo que la cercanía no es nueva.
¿Pero saben qué explicación es más probable que las otras? La que se revela ante la salida de Marco Gama Basarte.
Marco Gama, senador de la república, renunció al PAN a penas esta semana y el día de ayer fue presentado (junto a un grupo nutrido de vivales y liderazgos locales panistas) como nuevo integrante de Movimiento Ciudadano.
No sorprende que Gama Basarte salga del PAN y vaya a MC, él ya lo había anunciado. No sorprende que con él se vayan liderazgos como la exdiputada Josefina Salazar Báez; tras su derrota en la interna por el CEN de Acción Nacional en San Luis Potosí, era obvio que Baez entendería que no hay “PAN para todos”. No sorprende que líderes locales, como quienes organizaban al partido en municipios como Matehuala, dejen de lado la disciplina partidista y migren con el resto de los liderazgos; no sorprende, porque en la actualidad el partido al que estaban alineados, ha dejado de ser plural y abierto, se ha vuelto selectivo y cerrado.
Volvamos a la explicación: Gama Basarte puede declarar todos los días que este salto del PAN a MC es para “aportar a la vida política de San Luis Potosí y del país”, quizá así se lo crea. En la realidad, el 2024 está a la vuelta de la esquina y muy probablemente Gama Basarte ya tiene en mente una reelección en su puesto como senador; reelección que quizá, solo quizá algunos cotos de poder dentro del PAN le habrían adelantado que no tendría oportunidad de pelear. Y, querido lector, si tú fueras Marco Gama, con un liderazgo tan grande, siendo uno de los panistas más competitivos y diestros para ganar elecciones y con un puesto de senador que podrías asegurar en la reelección, ¿te quedarías de brazos cruzados mientras un apellido al interior de tu partido te niega la reelección?, ¿aceptarías tajantemente que tu puesto como senador sea ocupado ahora por quien controla al PAN en San Luis Potosí?, ¿o te irías a MC (partido con el cual ganaste en alianza tu senaduría) y así asegurarías una posible reelección, una diputación federal o, quien sabe, hasta una posible dirigencia estatal?
Esto es pura supervivencia política. ¿Y la representación de los panistas potosinos que creyeron en las agendas conservadoras de Marco Gama?, “bien gracias”, o se conforman con el Gama Basarte que ahora asumirá las agendas progresistas de MC (a ver si lo logra con coherencia) o terminan por ir a rezarle al demacrado santo que quede en el PAN estatal.
Este es el gran tema: la salida de Marco Gama y sus compañeros de chapulinaje no está mal. Déjenme repetirlo: no está mal. Ellos están en su derecho de cambiar de opinión y sentirse ofendidos. Eso no está mal. Lo que está mal, es que justo estos personajes tomen decisiones políticas en favor de su mejor interés por concentrar el poder, y nieguen sus compromisos anteriores con un sector que se sentía representados por ellos y decidió ponerlos donde están ahora.
MC, en el estado, se ha convertido en un campo de refugiados políticos que promueven una práctica altamente peligrosa para la democracia local: las élites políticas, tomarán los espacios de competencia que representaban una oportunidad para nuevos perfiles. Asfixian y restan aire fresco a la renovación que la vida política local necesitaba con urgencia, a cambio de un puñado de políticos profesionales que están a una elección perdida de ser historia antigua. Ojalá las fichitas azules valgan la pena de cambiarlas por naranjas.
