
Por Abelardo Medellín
En política, todo es supervivencia. Puedes ser un partido nuevo con un legislador en el congreso y un cuarto lugar en las elecciones y aún así tener que luchar por que tu agrupación mantenga el registro como partido. Puedes ser un partido con capacidades plenipotenciarias y con todo un estado que gobernar, todo un presupuesto que ejercer, y aún así dilapidar tu dinero en apariencias y campañas de apoyo, porque mantener al votante suele ser más rentable que beneficiar a los ciudadanos.
Este instinto de supervivencia política, muy similar al de la supervivencia en la naturaleza, funciona mejor cuando tienes apoyo de un grupo de políticos de tu misma condición. La historia lo ha demostrado, siempre es mejor dividir para vencer, porque cuando el enemigo está acompañado, es más difícil derrotarlo. Es mejor estar acompañado, porque cuando aquello que intentas solucionar es complejo, dividir tareas, delegar responsabilidades, tener ojos y manos en muchos lugares, asegura que el problema se confrontará mejor.
Esta idea de organizarse en “manadas políticas” por intereses particulares, sigue patente pese a la separación de poderes, la soberanía de los estados y el interés público. Nunca ha cambiado y lo que pasó en San Luis Potosí la última semana es un gran ejemplo de cómo “el favor con favor se paga”.
No vamos a negar que las instituciones fueron importantes para lo que pasó los últimos siete días. Sí, la Fiscalía General del Estado hizo su trabajo y procedió tal como se debía contra la ex secretaria de Salud, Mónica “N”, quien, para ser francos, tenía mucha cola que le pisaran. Sí, la revocación de mandato fue un buen ejercicio para acostumbrar a la población a nuevas formas de participar y el Instituto Nacional Electoral hizo lo que le tocaba y con la disposición para lo que le alcanzaba. Sin embargo, como toda maquinaria (tanto la judicial como la electoral) con voluntad política y ganas de cobrar favores, estos dos hechos fueron aceitados de la mejor forma que encontraron para hacerlo.
Así como lo dicho arriba está patente y no lo negamos, tampoco podemos negar la sensación de que todo pareció, si lo vemos desde la supervivencia política, como un enorme “yo ayudo, tú no estorbas”.
El domingo 10 de abril, el titular de este espacio pudo corroborar que un grupo de camiones identificados como “gallardistas” se ocuparon de movilizar a decenas de personas en la colonia El Cactus de Soledad de Graciano Sánchez para que estas participaran en la revocación de mandato presidencial. Los camiones llevaban carteles que aludía al acarreo, las mujeres que coordinaban todo iban identificadas con colores verdes, quienes votaban eran registrados en listas y se les tomaba una fotografía e incluso las operadoras electorales llegaron a ocupar el espacio dentro de las casillas.
Ya no vale la pena ni hablar de lo ilegal del hecho, mismo que está tipificado como delito electoral de acuerdo con el artículo 7 de la Ley General en Materia de Delitos Electorales; lo que sí podemos rescatar, es que la coordinación desvergonzada de estos grupos se dio a penas unos días después de que el gobernador Gallardo se reuniera con el Secretario de Gobernación Adán Augusto López Hernández, quien las últimas semanas habría ocupado sus giras de trabajo para promocionar la participación en la revocación de mandato a favor del presidente.
Si volvemos a la lógica de la supervivencia política, podríamos deducir fácilmente que el diálogo entre el secretario de gobernación y el gobernador giró en torno a “¿cuántos votos vas a poner?”, y que seguramente el gobernador potosino prometió tantos como pudiera a cambio de un favor más. ¿Y cómo se llamaba el favor que pidió Gallardo Cardona?, pues se llamaba ex secretaria de Salud.
Si bien las denuncias, investigaciones y señalamientos contra Mónica preceden al ejercicio de la revocación, no podemos ignorar que en este país, los cercanos al presidente (gobernadores de la 4T) no la brincan si huarache y no actúan más allá de sus fronteras estatales sin pedir permiso.
Días después del ejercicio de revocación, ya con los resultados en mano y las justificaciones emitidas, el gobierno de Gallardo Cardona (a través de su Fiscalía, independiente, pero no autónoma, como diría Federico Garza) informó que habían atrapado a la ex secretaria de Salud de San Luis Potosí en un inmueble de Estado de México y en compañía de otros dos sujetos que también fueron detenidos.
La detención de la doctora es un avance loable para combatir la corrupción del pasado; aunque llama la atención que solo se investigue la corrupción del pasado inmediato (es decir del sexenio anterior), porque no se ve a una Fiscalía muy preocupada por continuar con las seis investigaciones que están abiertas contra el ex alcalde de la capital, Ricardo Gallardo Juárez.
En ese tenor, la detención de la doctora, a diferencia de la de Jaime “N” ex secretario de Seguridad Pública del Estado, parece más artificiosa. Da aires de ser un regalo prometido que se consumó tras la orquestación del acarreo.
Eso parece, pero en este espacio no aseguramos que sea el caso, solo señalamos lo insospechadamente sospechoso del asunto.
Así mismo, apuntamos que mientras otros podrían dar otras tantas explicaciones de lo ocurrido, la lógica de la supervivencia política, revela con especial precisión el porqué detrás de que unos violen la ley y otros permitan que se ejerza con celeridad. No es que unos queden impunes y a otros les llegue más pronto la justicia, es que a unos les conviene y otros se dedican a aprovechar la urgencia de los de más arriba.
