
Bajo la fachada de una supuesta renovación democrática, ha hecho su aparición en San Luis Potosí el autodenominado “Partido Paz”, un instituto político que desde su origen carga con el profundo descrédito de operar como una evidente franquicia satélite del grupo en el poder. Aunque sus dirigentes intentaron disipar las suspicacias negando cualquier subordinación a la administración estatal, resulta inocultable para la ciudadanía y los observadores que en su mesa directiva operan los mismos operadores políticos reciclados, aquellos que han transitado sin recato por el Partido Verde, el PT y Morena según la conveniencia de sus intereses particulares.Lejos de constituir una alternativa genuina para los potosinos, este nuevo membrete se perfila como un instrumento funcional para acaparar financiamiento público, engrosar nóminas con recursos del erario y colocar candidaturas a la medida de los designios oficiales. Esta estrategia de simulación evidencia cómo se reciclan las viejas prácticas corporativas bajo denominaciones pretenciosas, confirmando que la conformación de estos institutos busca fragmentar a la oposición real y desviar presupuestos públicos para sostener estructuras dedicadas exclusivamente a la preservación del control político.
