
En un evidente ejercicio de frivolidad y desconexión con los graves problemas que aquejan a la entidad, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona optó por transformar su informe de gobierno en un espectáculo propio de estrella de rock, haciendo una entrada triunfal flanqueado por el cantante Julión Álvarez y el ex boxeador Julio César Chávez. Lejos de asumir la solemnidad, la transparencia y la rendición de cuentas que exige un ejercicio de esta naturaleza ante la ciudadanía, el mandatario prefirió la opulencia y el baño de popularidad con figuras del entretenimiento, utilizando los recursos públicos para montar un evento más cercano a un concierto masivo que a la evaluación real de su administración.Mientras el gobernador derrocha reflectores y presume popularidad junto a celebridades, San Luis Potosí continúa sumido en crisis inocultables que van desde la inseguridad desbordada, el colapso en servicios de salud y transporte, hasta el dolor de familias enteras por desapariciones y homicidios impunes. Esta puesta en escena confirma que para la actual administración la prioridad es la autopromoción y el culto a la imagen personal, anteponiendo el circo mediático a las soluciones urgentes que los potosinos exigen cotidianamente en las calles.
