
En medio de una creciente estela de sospechas y pugnas internas, Guillermo Morales hizo oficial su salida de la Secretaría del Bienestar en San Luis Potosí durante una rueda de prensa donde intentó matizar su relevo, asegurando que se trató de una decisión propia solicitada desde la semana pasada. Con un discurso reservado, el exfuncionario pretendió desviar la atención al negar fricciones con la dirigencia estatal de Morena y con Rita Ozalia Rodríguez, optando por omitir los señalamientos de confrontación y descalificando las filtraciones de la prensa bajo el argumento de que carecen de sustento real sobre los motivos de su baja.
Lejos de cerrar el capítulo con claridad, esta salida institucional deja abiertas diversas interrogantes sobre el rumbo administrativo y la estabilidad interna que impera en una dependencia de alta sensibilidad social. Si bien las partes involucradas insisten en mantener una postura de aparente cordura, el episodio evidencia los retos de coordinación y los diferendos que acompañan a los operadores políticos del movimiento guinda, recordando que la transparencia y la rendición de cuentas deben anteponerse a cualquier versión oficial en beneficio de la ciudadanía potosina.
