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San Luis Potosí
1 octubre, 2026
Dados y Barajas

ANTE LA INSEGURIDAD: TARDANZA E INDOLENCIA

Por: Abelardo Medellín

Con el cambio de sexenio en el estado y el cambio de administración en el ayuntamiento de la capital dos fueron las promesas obligadas de quienes asumieron sus respectivos cargos. Por un lado, se le prometió a los capitalinos que un ex policía tendría el conocimiento y entendimiento necesario para palear los problemas de inseguridad de la capital, pero su mayor avance hasta ahora fue erogar una millonada de pesos por patrullas mal rotuladas y ahora accidentadas. Por otro lado, la promesa del “vivir sin miedo” fue borrada de la agenda de cosas prioritarias, desde que poco a poco se presentan más y más enfrentamientos armados en las calles de diversos municipios.

El ex policía y el “vivir sin miedo” no dieron la talla; hoy se cumple una semana de que un promotor cultural fue asesinado a sangre fría a las afueras de un antro del centro histórico, hoy se cumplen 5 días que dos elementos de la policía de investigación fueron batidos a tiros frente a un hotel ubicado en Acceso Norte y uno de los asesinos sigue libre.

Los detractores del pasado y fanáticos de las promesas podrían argumentar que “esto siempre ha pasado” o que “hay que darles tiempo para que apliquen sus estrategias”, pero no es fácil esperar, cuando en la espera vemos gente matar y personas siendo asesinadas en las calles de Rioverde, Matehuala, La Pila y en otras tantas demarcaciones.

Sin embargo, el silencio es costoso en estos casos, la omisión aún más; ¿qué han hecho nuestras autoridades ante la ola de violencia que parece desatada e incontenible?

Pues en la capital las estrategias parecen prescriptivas. Aquí no se implementaron operativos destinados a vigilar el regreso a los antros que era predeciblemente masivo, ante la entrada al semáforo verde, no. En la capital la administración del ex policía implementó el operativo “Sello”, hasta una semana después que el centro histórico y sus antros sufrieron episodios de violencia criminal.

Este tipo de operativos, que llegan una semana tarde, no parecen tener la intención de combatir el problema, sino de influir en la opinión pública. Lo que está haciendo el ex policía parece pertenecer a estas acciones que en las políticas publicas se conocen como “teatro de seguridad”, en estos “teatros” la autoridad impone medidas que no están destinadas a acabar con posibles hechos delictivos, sino que buscan hacer sentir seguras a las personas; lo mismo ocurre con los filtros en los aeropuertos. La pregunta que cabría hacer aquí es: ¿las personas se sienten más seguras con un montón de patrullas rondando los centros nocturnos?

En la esfera estatal tenemos un problema mayor, y tal es su tamaño que sería errado hablar en términos simples de problemas complejos como el del crimen organizado.

Por eso centrémonos en un tema de índole no tan compleja, pero igual de importante: el acoso sexual en los espacios públicos.

El pasado jueves 3 de marzo, la ex diputada local federal Josefina Salazar Báez denunció en redes sociales que habría sufrido una agresión sexual mientras corría en el Parque Tangamanga I; el hecho, ocurrió a plena mañana y, según comentó la ex diputada, esto les habría pasado a cuatro mujeres más el mismo día.

Al día siguiente de la agresión se le preguntó al vocero de seguridad, Miguel Gallegos Cepeda, por este caso, y el vocero (animado por las preguntas de prensa) afirmó que “no se podía descartar que la denuncia tuviera tintes políticos”.

No solo se limitó a poner en duda la queja de la ex diputada, sino que el vocero se aventuró a decir que la denuncia de Salazar Báez llegaba “coincidentemente” en las vísperas de la inauguración del Parque Tangamanga I y de las marchas por el 8M.

El posicionamiento del vocero, fue institucional, pero inhumano, como todas las instituciones que ponen por encima el prestigio de sus jefes antes que la ciudadanía. Más que inhumano, lamentable; nos hace pensar en qué tipo de cosas podría llegar a decir la autoridad estatal en seguridad por casos similares o peores.

Lo que duele, aunado a todo, no es solo la indolencia, lo que duele es la forma en que el gobierno tiene que posicionarse ante todo (como espectador), pero no hace nada (si no le conviene). El vocero, el alcalde ex policía, la autoridad estatal, todos hacen sin hacer, dicen sin comprometerse. Todos, en tiempos de inseguridad, parecen calzar a la perfección con el dicho platónico que versa:

“Los sabios hablan porque tienen algo que decir; los tontos porque tienen que decir algo”

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