
Cuando en los últimos dos meses tu apellido esta en el centro de la discusión local, nacional e internacional es por una de dos razones: o estás haciendo algo bueno y bien hecho o estás haciendo algo malo y mal hecho.
Héctor Serrano y su “Ley Serrano” se ha llevado ríos de tinta y minutos al aire. Y no por lo primero…
Y este pasado martes se llevó algo más: la manifestación pública y genuina de hombres y mujeres de la comunicación y sociedad civil.
Los primeros, plenamente identificados por sus medios, sus nombres y sus apellidos: reporteros, comunicadoras, periodistas. Ninguno iba bajo el escondite cobarde de cientos de paginas y portales que se advierten plenamente identificados al “oficialismo” burdo y corriente que no tienen cara, ni nombre, ni apellido (pero sí artífice).
Y los segundos, sociedad civil y profesionistas del derecho que advierten en la dichosa reforma “serranista” un atropello autoritario a la vida publica y privada de nuestro estado: la libertad de expresión.
Peor todavía si es un foraneo que se perderia en el Jardín de Tequis quien la promueva.
Todos se dieron cita para encarar a Serrano en su propia curul. Sus amenazas y “valentonas” bravatas -que no valientes- provocaron que el Congreso fuera ocupado legitimante como hace años no se veía.
Las vallas de metal -casualmente traídas de las afueras del Palacio de Gobierno- con que quisieron impedir el acceso de los manifestantes evidenciaron aún más el cobarde y sumiso papel que juega la mayoría del Poder Legislativo.
Papelazo, cobarde, que desembocó en la salida risible de Héctor Serrano de la tribuna…
Cuando tu nombre está en el centro de la discusión y, a partir de ayer, en el de la burla, es por una de dos razones y, vergonzosamente, solo te queda huir…
Autor: Editorial
