
Durante una reciente declaración sobre el enroque institucional que llevó a Leticia Vargas al municipio de Soledad y a Jorge Grimaldo a la administración estatal, el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, desató una ola de indignación al justificar el cambio bajo el argumento misógino de que ella “ya estaba cansada” y que “una mujer tiene sus momentos”. En lugar de evaluar el desempeño, la experiencia o los resultados laborales al frente de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, el mandatario recurrió a estereotipos de género para excusar los movimientos dentro de su gabinete.
Lejos de transparentar una reingeniería basada en la capacidad técnica, las palabras del gobernador evidencian una visión profundamente retrógrada que minimiza la labor de las funcionarias públicas bajo pretextos personales y despectivos. Esta postura no sólo desvía la atención de las verdaderas razones detrás de los constantes reacomodos en su equipo de trabajo, sino que expone la normalización de expresiones machistas desde la más alta tribuna del estado, restándole seriedad a la administración pública y ofendiendo a las mujeres que día a día se abren paso en la vida política.
(Estatal)💢Comentarios machistas de Ricardo Gallardo al justificar relevo en la Seduvop💢Durante una reciente declaración sobre el enroque institucional que llevó a Leticia Vargas al municipio de Soledad y a Jorge Grimaldo a la administración estatal, el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, desató una ola de indignación al justificar el cambio bajo el argumento misógino de que ella “ya estaba cansada” y que “una mujer tiene sus momentos”. En lugar de evaluar el desempeño, la experiencia o los resultados laborales al frente de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, el mandatario recurrió a estereotipos de género para excusar los movimientos dentro de su gabinete.Lejos de transparentar una reingeniería basada en la capacidad técnica, las palabras del gobernador evidencian una visión profundamente retrógrada que minimiza la labor de las funcionarias públicas bajo pretextos personales y despectivos. Esta postura no sólo desvía la atención de las verdaderas razones detrás de los constantes reacomodos en su equipo de trabajo, sino que expone la normalización de expresiones machistas desde la más alta tribuna del estado, restándole seriedad a la administración pública y ofendiendo a las mujeres que día a día se abren paso en la vida política.
